What Would Marcus Aurelius Do?

Luego de culminar la lectura de los libros The Obstacle Is The Way, por Ryan Holiday, y How to Think Like a Roman Emperor, por Donald J. Robertson, e inspirado en la frase “What Would Tyler Durden Do?” de la película Fight Club (basada en la novela homónima por Chuck Palahniuk), nos hacemos la pregunta en el título de esta entrada “¿Qué Haría Marco Aurelio?” – pregunta que nos aborda ante determinadas y particulares situaciones que nos encontramos en nuestras vidas.

Y la respuesta no es otra sino “Lo Correcto“. Esto, gracias a nuestros principios y valores, y reforzado por las lecturas y aprendizaje de las lecciones del Estoicismo, como buen Stoic proficiens.

Así lo escribió Marco Aurelio en sus reflexiones personales MeditacionesJust that you do the right thing. The rest doesn’t matter.“, o lo que es igual “Solo que hagas lo correcto. Lo demás no importa“.

MARCUS AURELIUS ANTONINUS AUGUSTUS by Daniel Coulmann

“Just that you do the right thing. The rest doesn’t matter. Cold or warm. Tired or well-rested. Despised or honored. Dying…or busy with other assignments. Because dying, too, is one of our assignments in life. There as well: “To do what needs doing.” Look inward. Don’t let the true nature of anything elude you. Before long, all existing things will be transformed, to rise like smoke (assuming all things become one), or be dispersed in fragments…to move from one unselfish act to another with God in mind. Only there, delight and stillness…when jarred, unavoidably, by circumstances, revert at once to yourself, and don’t lose the rhythm more than you can help. You’ll have a better grasp of the harmony if you keep going back to it.”

Marcus Aurelius, Meditations

Aceptación

Me siento a escribir estas palabras con una necesidad imperiosa que hacia mucho tiempo no sentía.

En el entretiempo del partido Colombia vs Polonia del Mundial de Rusia 2018, me puse leer un artículo que tenía un par de días pendiente en mi lista de lectura y vaya que me ha tocado el alma, ha arrugado esos sentimientos que tenía allí resguardados, protegidos temiendo un día como hoy llegara.

Me encuentro con la misma oportunidad que menciona Miguel Angel Santos en su artículo “El largo regreso de los venezolanos a Ítaca”, aunque con una motivación y una situación distinta, cuando dice:

No hay nada como ponerle palabras a las cosas, a los sentimientos, para adueñarse de ellos.

No pude durante toda la lectura del artículo, si no pensar en mis hermanos menores, dos de ellos que ya hace muchos años – siempre son demasiados, se fueron de Venezuela en búsqueda de mejores oportunidades, primero académicas para crecer profesionalmente, luego laborales, y hoy en día residen en Alemania, país que ya antes admiraba por su historia y lo que hoy en día representa en el ámbito mundial, y del que ahora estoy inmensamente agradecido por haberle abierto las puertas a mis hermanos y permitirles demostrar su talento y al aporte que han brindado a ese país.

No pretendo revisar en detalle el artículo de Miguel Angel, más bien les invito a leerlo, sea cual sea su condición actual, que básicamente resumo en cuatro: aquellos venezolanos que se han ido del país, aquellos que piensan hacerlo, aquellos venezolanos que nos quedamos aquí, y aquellos que están afuera pensando en regresar.

Aquí en estas palabras sólo quiero plasmar ese par de cosas que de verdad me llegaron al alma, y que estando el artículo de alguna manera escrito para aquellas personas que se encuentran en el exilio, me siento a escribir esta reflexión propia perteneciendo a ese grupo de aquellos que nos quedamos.

Toda la vida se podría describir como un proceso a través del cual aprendemos a qué cosas nos debemos enfrentar y qué cosas debemos aceptar

Escribe Miguel Angel Santos, referido en su caso al exilio, palabras que me recuerdan también la lectura “El arte de la guerra” de Sun Tzu. Mientras leía sus palabras, me enfrento nuevamente con la realización personal de que en los últimos meses de alguna u otra manera me he encontrado a mi mismo, y poco a poco termino finalmente de aceptar aquella decisión que inconscientemente ya había tomado, y de la cual me mostraba dudoso y no encontraba palabras para adueñarme de ella. Durante los últimos meses del año pasado, y principios de éste me sentía como un barco sin rumbo, a la deriva. No quiero decir que ahora tenga claramente definido mi norte, más bien me siento ahora más dueño del timón en mis manos.

En el transcurso de los últimos años coqueteé varia veces con irme por un tiempo del país, pasar unos meses en Miami, con otro aire, otra perspectiva. Desarrollando otros emprendimientos. No han sido pocas las oportunidades que se me han cruzado en el camino, unas sin buscarlas, y otras que un gran amigo, un hermano del alma, también me ha presentado. Al final del día, sin entrar en detalles, les di la espalda a todas, las dejé pasar, todavía no se si para bien o para mal. Unas de forma clara, otras sin saberme explicar bien. Lo único que tenía y tengo claro, y así lo siento, es que no puedo estar en sitio físicamente, y estar mentalmente en otro. No puedo estar en Miami, Munich, Bogotá o donde sea, con la cabeza en Caracas. Es contraproducente, atentaría contra cualquier plan que pretenda emprender en cualquier otra ciudad del mundo. Particularmente, durante los últimos años he tenido eso claro de mi persona, no se si llamarlo compromiso o entrega, pero si me voy a dedicar a un proyecto profesional o de vida, debe ser en cuerpo y alma. No quiero dejar más cosas a medio camino.

Pensaba que era miedo, no lo sé, quizá, a veces temía por el síndrome del impostor también, pero lo pienso detenidamente y no, no es miedo al fracaso, y me siento preparado y tengo confianza en mis aptitudes. Me siento agradecido y orgulloso de aquellas oportunidades que me han ofrecido porque de alguna manera reconocen mi esfuerzo y preparación.

Yo me quedo.

Hoy en día y es sólo reciente, me encuentro más en paz conmigo mismo por esa decisión. Es lo que me dice el corazón y la razón, es aquí donde están mis padres, mi familia, es aquí donde crecí, es aquí donde están los pocos amigos que el exilio no me ha robado, aquí es donde quiero que mi contribución valga mi esfuerzo, son estas mis montañas o “accidentes geográficos” como quieran llamarlo, mis guacamayas, son de aquí mis sabores y olores favoritos, de aquí sueño pueda encontrarme con la madre de mis hijos.

Lo he aceptado.

Así como he aceptado también la distancia; la distancia que me separa de mis hermanos a los que amo, y que cuando nos hemos reunido afuera en otras latitudes, oculto con fuerza mi debilidad y mi flaqueza al encontrarnos de nuevo en el anden de una estación de tren, debilidad y flaqueza que luego se transforman en un gran orgullo y felicidad, al verlos realizados y hechos hombres de bien. He aceptado ver a mis mejores amigos, aquellos que llamamos hermanos del alma, por pocos días o semanas al año, compartir con mi ahijado y asombrarme como está cada vez más grande las pocas veces que lo veo sonreír jugando conmigo y sus hermanitos.

No volverán. Creo fue lo primero que acepté hace muchos años, sería enormemente mezquino y ademas iluso de mi parte pensar en el retorno de aquellos que se han ido. Si yo mismo tengo claro que si me voy es para siempre, ¿cómo pretender de otros lo contrario?.

Pero tengo un sueño, ese sueño está aquí, y lo persigo y trabajo por él todos los días, así como hacen mis hermanos, mis amigos por los suyos.

Irse del país, emigrar, debe ser la decisión más difícil a la que puede enfrentarse una persona, dejar todo atrás, y es por demás completamente comprensible dadas nuestras circunstancias, completamente respetable.

Quedarse trae consigo también toma de decisiones difíciles, como por ejemplo entre muchas y más recientemente, darte cuenta que a esa persona que quieres y tienes a tu lado, no puedes hacerle lastre en su crecimiento y toma de decisiones. Mis decisiones no pueden cortarle las alas a las personas que quiero, y por ende debo dejarlas libres, que vuelen alto y emprendan su camino a mejores oportunidades. Verlas crecer y ser mejores ahora que como estaban antes, y ofrecerles una mano como uno pueda y sentirse feliz por sus logros, es también crecer uno mismo con ellos. Siempre con un lugar especial en el corazón.

¿Que será de nosotros? Para qué preocuparnos por el futuro, debemos ocuparnos más bien. Construirlo, dar lo mejor de nosotros siempre, todo el día, todos los días. Es lo que hago, es mi motivación. Trabajo todos los días por un futuro mejor.

Agradezco haberme encontrado con las palabras de “El largo regreso de los venezolanos a Ítaca”, agradezco haberme sentado a escribir las propias, en medio de los cantos de las guacamayas y las lágrimas que no he podido contener esta tarde. A mis hermanos les hice llegar el artículo, sin mayor detalle, esperando que lo lean y sean cada vez más fuertes, que estoy seguro lo son, mucho más que yo. Ellos ya lo han aceptado. Siempre tendremos oportunidad de reunirnos nuevamente y compartir. No soy bueno, nunca lo he sido, transmitiendo a otros estos sentimientos, y por eso lo hago por esta vía – aunque más para otros, es para mi mismo.

Lo acepto, soy dueño de mis sentimientos, soy dueño de mi destino.

Manual del Conductor Venezolano

1.   Al encender su carro:
  Implore al Poder Supremo y encomiéndese al cuidado divino para su
protección contra los peligros que encontrara en las calles venezolanas.  Tenga
mucho cuidado con los "conductores en reversa". Esta clase de conductores
son famosos por salir en reversa sin importarles mucho lo que pueda haber en el
camino.  Si se topa con uno de estos conductores entonces Ud. se encuentra en
condiciones de poner en  practica el "saludo venezolano de conductores"
  (ver próximo párrafo).
 
2.   El saludo venezolano de conductores:
  Para saludar a un conductor venezolano baje lentamente su ventana y
con un tono grave y fuerte diga "La puta que te parió", pueden incluirse, al
final de la expresión, sustantivos calificativos como "gordo mama güevo", cabrón",
"vieja infeliz", "rata inmunda", "güevón", etc.(escoja el más adecuado para
la ocasión). De todas maneras, este siempre preparado para responder con
un "Váyase pal’ carajo" o "Anda a comer mierda" , en caso de que el otro
conductor lo haya saludado primero.
 
3.   Luces de cambio (de carretera, destellos):
  Si un conductor en otro carril enciende su luz de cambio, no lo deje
entrar a su carril.  De hecho, presione el acelerador y manténgase próximo a el.
Es probable que el conductor intente saludarlo, pero Ud.. ya sabe exactamente que
hacer en este caso (ver párrafo anterior).
 
4.   Semáforos:
  Estos interesantes artefactos suelen encontrarse en la intersecciones
de las calles sin tener ninguna razón aparente, pero si están ahí por algo
será. Es muy probable encontrar conductores detenidos observando como cambian las
luces de colores (una experiencia fascinante).  Los oficiales de transito creen
que cada color tiene un significado que el conductor debe respetar. De la
observación efectuada se ha determinado el significado de cada color.
  4a.  Luz amarilla:  acelere su carro tanto como sea posible.
  4b.  Luz roja:  esta luz permite pasar a 5 o 6 carros mas después de
su encendido.
  4c.  Luz verde:  reduzca la velocidad y espere a que los 5 o 6 carros
atraviesen su luz roja en el otro lado del cruce.
  *Nota:  es vital tocar la bocina a los 1.5 segundos del encendido de
la luz verde.
 
5.   Cambio de carril:
  Antes que nada, no importa lo que vaya a hacer, nunca encienda su luz
de cambio, de lo contrario estimulara la reacción de otro conductor (vea "Luces
de cambio").  Observe al conductor que viene por el carril al que desea
pasarse, y ante su menor descuido métase descontroladamente con su carro, se
sorprenderá al darse cuenta que no es necesario mas que un par de centímetros entre
carro y carro. En ese momento será saludado por no menos de 3 conductores.
Para perfeccionar su cambio de carril existen muchas diversas técnicas, por
ejemplo intente desacelerar su carro drásticamente y en cuestión de segundos,
no deje de observar el fenómeno de reacción en cadena producido por el conductor
de atrás, y en medio del caos cambie de carril y acelere.
 
6.   Embotellamientos (mejor conocidos como colas)
  Durante las colas se realizan varias actividades divertidísimas, tales
como:
  *toque su bocina
  *retoque su maquillaje (generalmente, repito, solo generalmente, esto
se da en conductoras)
  *pierda peso sudando como un cerdo debido a la falta de aire
acondicionado
  *salude a otros conductores.  No necesariamente a los que provocan el
tapón
  *perfeccione su cambio de carril
  *juegue a ver que tan cerca puede pararse del parachoques del carro de
adelante.
 
7.   Peatones:
  Estos individuos son una molestia para los conductores venezolanos .
En caso de encontrar a alguno de estos particulares personajes, acelere y
muéstreles quien es el jefe.  En las intersecciones, ceda el paso al peatón y en cuanto
lo tenga en la mira, tírele su carro encima.  Si no llega a tocarlos, puesto a
que suelen ser bastante hábiles, no se preocupe, seguramente le habrá dado un
buen susto.
 
8.   Autopistas:
  Formación cuello de botella:
  Para la ejecución de este tipo de formación, los carros deben bloquear
todos los carriles conduciendo a la misma velocidad y yendo de lado a lado  (así
se evita que otros carros  intenten pasarnos). Es importante conducir a unas 20
Km. por debajo de la  velocidad mínima permitida. En pleno cuello de botella,
las bocinas son un condimento a elección… disfrútenlo!!!
 
9.   El cambio de carril triple (pre-requisito, dominar "cambio de
carril"):
  Este movimiento requiere de muchísima precisión y creatividad. Debe
ser ejecutado rodeado del mayor numero de carros posible y en cuestión de
segundos, para crear lo que algunos catalogan como "pánico general".
 
  Con estas reglas del Manual del conductor venezolano, todos los
extranjeros que visiten nuestro país, de seguro que sobrevivirán para contar la
experiencia. 

La Arepa

Hablar de La Arepa, es hablar de Venezuela… Parte de nuestra cultura y de la mesa de cada día, es nuestra expresión culinaria más autóctona, es el benefactor pan nuestro de cada día.
 
La arepa es una expresión nacional, en cualquier ciudad de Venezuela puede encontrarse. Su preparación se remonta a nuestros ancestros indígenas, que sembraron, recolectaron y procesaron el maíz. Es el resultado de una masa hecha de maíz cocido y molido, los indígenas, lo molían entre dos piedras lisas y llanas y luego creaban pequeñas bolas que asaban en un “aripo”, (especie de plancha un poquito curva fabricada en barro, que se utiliza para la cocción, también conocemos una variación de éste como “budare”) del nombre de este utensilio deriva la palabra “Arepa”, en la actualidad se utilizan planchas y parrillas de hierro para asar las arepitas en casa o restaurantes, aunque se puede encontrar aún el aripo de barro.

 
La Arepa es leal compañera del venezolano y puede encontrársele en la más honorable mesa, así como en la más humilde, en cualquier esquina de la ciudad, ó en el más pequeño de los pueblos, en restaurantes y casas, ó en las abundantes areperas de las diferentes ciudades venezolanas.
 
La Arepa es la reina de nuestros desayunos, y a su vez excelente acompañante de primeros platos en almuerzos y cenas, es fiel compañera de nuestros platos nacionales.
 
La arepa se muestra con características distintas en las diferentes regiones del país, pero en esencia es la misma y singular arepa. Las muy finitas las llaman “telitas” y son típicas de la región andina, las gorditas y abombaditas, se acostumbran a preparar en la región central; grandes, sean fritas ó asadas, usualmente se encuentran en oriente. Se preparan arepas de chicharrón, y arepitas dulces que tienen un ligero sabor anisado, se hacen arepas “peladas” con cenizas, que se encuentran principalmente por el occidente del país.
 
Se suelen comer rellenas con queso y mantequilla, carne mechada ó asado, con jamón ó con casi cualquier cosa que se le pueda ocurrir. Una arepa recién asada rellena con un queso llanero de Apure ó un jugoso queso guayanés, trae la gloria al paladar del que la prueba; Acompañada con suero de leche, con perico* que tanto gusta a los venezolanos, ó caraotas fritas y carne mechada, se obtiene un desayuno maravillosamente típico.
 
De la misma masa de la que se obtienen las arepas encontramos que se obtienen otros platos que son típicos en Venezuela, tales como los bollitos de masa: bollitos hervidos en agua muy caliente, que se comen usualmente al desayuno con queso y mantequilla. Las hallaquitas: bollitos cubiertos con hojas de maíz y hervidos en agua muy caliente; los bollitos pelones: bollitos de masa rellenos de carne hervidos o fritos; se hacen empanadas, rellenas de quesos guisos de carne, pollo ó pescado, etc, y fritas en abundante aceite caliente.

 
Se utiliza esta masa en la preparación de abrebocas y pasapalos diversos, bolitas, empanaditas, bollitos y arepitas pequeñas. Se agrega en forma de bolitas pequeñas a algunas sopas. La masa de maíz coloreada con onoto y aromatizada al amasarse con caldo de gallina, es la primera en asomar su brillante colorido cuando abrimos una de nuestras delicias culinarias más solicitada: La Hallaca; la masa se extiende sobre hojas de plátano sirviendo de cama y cobija a todos los maravillosos componentes que integran el relleno de la hallaca… Es también el componente principal de la Polenta Criolla. Infinidad de usos le damos a la masa que se obtiene del maíz, pero definitivamente entre todos la reina es la Arepa.

Matrimonio Venezolano

Si existe un acontecimiento en Venezuela que marca historia ése es el matrimonio: trajes, arroz, fotos, lágrimas, queso, flores, tequeños, "güisky", merengue, centros de mesa y hasta el impelable "trencito", son elementos que no pueden faltar en este tipo de celebraciones.
 
Tras la inevitable caravana de automóviles llegan los invitados al lugar del banquete. En esta parte del ritual siempre hay una señora que le da un coñazo al hijito, acompañado del clásico "¡Si sigues, nos vamos ya para la casa!", y uno que otro invitado barrigón que aprovecha la distracción de la gente ante la llegada de la novia para acomodarse las bolas y arreglarse la corbata.
 
La novia luce con heroísmo ese artefacto de tortura medieval llamado "traje de novia", el cual está diseñado para hacerla ver lo menos parecida posible a ella misma, de manera que el novio se pase toda la noche preguntándose "¿Esta será de verdad Margot?".
EMPIEZA LA PROCESIÓN
 
Ya en el banquete toca a los novios, si son de buen linaje, someterse a los rigores del saludo. Allí, marido y mujer en compañía de sus respectivos padres, reciben congratulaciones de quienes van llegando en una especie de "improvisada alcabala".
 
Luego le corresponde el turno a la sesión de fotos, la cual dura al menos tres horas o setecientos rollos (lo que se cumpla primero). Primero la foto de los novios, luego la de ellos con los padres, y la de los hermanos, cuñados, primeras esposas de algunos de ellos y el novio de  turno de la hermana menor; la foto con la madrina, la foto con la mejor amiga de ella y el mejor amigo de él (que siempre pensaron que se iban a casar, pero él lo que está es pendiente de machucarla en fiestas y reuniones).
 
Luego vienen los tíos, primos hermanos, segundos y terceros (aunque los estén viendo por primera vez en sus vidas, ya que viven en Caripe y siempre están pelando como para venir de visita a Caracas); también la foto con el vecino que le cambió los pañales a ella cuando estaba chiquita y la foto con un señor que, aunque no está invitado a este matrimonio, entró a preguntar "¿De quién es un Corolla azul, que me está trancando?".
 
ENTRE EL CALOR Y EL SABOR
 
Llega la hora del vals. Aquí la novia debe bailar con cada una de las personas antes mencionadas (sin incluir al señor que estaban trancando), y que siempre hay un viejito amiguísimo de la familia que agarra a la novia más de lo debido. La orquesta, con buen gusto, comisionará al cantante para que felicite al novio, llamándolo por un nombre equivocado y así poder dar comienzo al baile.
 
Siguiendo al vals, llegará un pasodoble para que no haya un cambio brusco que confunda al viejito (que sigue apretando a la novia más de lo debido). El comando de mesoneros ubica en las mesas un servicio completo de "güisky", y por un trago no se preocupe, pues siempre habrá un sujeto categoría "macho pagador de cuentas" que le preguntará "¿Cómo lo tomas, mi caballo?", mientras las señoras se abalanzan sobre la mesa de quesos con un plato en cada mano (uno para ella y otro para su consorte, que le dijo"Negra, tráeme un poquito e’queso" mientras campaneaba el trago con el dedo).
MI VIDA POR UN TEQUEÑO
 
En este punto del bonche salen los pasapalos: el sonido de docenas de personas masticando, sólo es aplacado por la orquesta (que por cierto andan ladillados del tío de la novia que bien rascao les ha pedido como siete veces "Ansiedad" de Chelique Sarabia). Mientras tanto, bolitas de carne, queso, cachapitas y mini lumpias preparan su salida, y en mitad de la noche se escucha el grito de alguna dama de traje largo y copete quien, emulando a Rodrigo de Triana, logra divisar de primera lo que toda la fiesta espera y en ese momento vocifera con voz aguda "¡Llegaron los tequeños!".
 
Conmoción y nerviosismo invaden el salón. El mesonero sabe que tiene que amarrarse los pantalones o terminar rodando por el suelo, pues las masas enardecidas se abalanzan sobre él, quien además de cargar la bandeja tiene que esquivar a dos señoras gordas que lo persiguen por todo el salón. De paso, tiene que agacharse para que las niñitas del cortejo (trajes ya negros de tanto arrastrarse), solicitan el preciado pasapalo; asimismo tiene que atender el reclamo de los novios que le dicen "A la mesa aquélla no le has llevado ni un pasapalo".
 
El último tequeño de la bandeja siempre es motivo de disputas, miradas recelosas y una que otra risita nerviosa. Al final, y como en el Viejo Oeste, gana el más rápido y no el más refinado.
 
Paralelo a esto, la imagen de las servilletas en la mesa con tres o cuatro tequeños vigilados y protegidos por la mirada fiera del dueño(a), quien no tiene intenciones de negociarlos en el mercado negro.
 
SE ARMO UN LIMPIO
 
Terminada la cena, le llega el turno a la tradición. Me refiero al "buqué" y al "liguero". Primero la novia, con la ayuda de la orquesta, hace un llamado a las solteras mientras observa con atención dónde está metida Magalys, su amiga de toda la vida que está a punto de quedarse a vestir santos, animando en todas las fiestas a las demás damas que se niegan a participar porque es "pavoso", ya que tienen bastante con haber ido solas a la boda y de paso, en la fiesta no hay ni un sólo hombre que valga la pena
 
La novia se coloca de espaldas, lanza el "buqué" y Magalys lo roza, pero cae en manos de la ex novia del novio, que aunque lo dejó hace dos años por un sueco (que estaba buenísimo) y que había conocido en un simposio, terminaron y luego se convirtió en una buena amiga de la feliz pareja y por eso la invitaron.
 
Toca el turno al novio. Él se arrodilla para sacar el liguero que por requerimiento del público y del cantante del grupo (que sigue empeñado en que el carajo se llama Arnoldo y no Aroldo), lo tiene que hacer con los dientes. Al fin, el novio consigue su cometido, luego de accidentalmente pegarle la boca a la suela del zapato de la novia. El llamado ahora es para los solteros. Un nuevo lanzamiento y el liguero cae directamente en las manos del hijo de la vecina que tiene 18 años y el acné se lo está comiendo.
 
El coro de manganzones comienza a clamar porque empiece la última parte del evento, donde el pobre carajo tiene que ponérselo a la que se ganó el "buqué" (quien es la ex novia del novio, que de paso está buenísima y se acaba de operar las tetas), y quien anda recién empatada con un Disip, el cual ya está lo suficientemente arrecho con el jueguito.
 
Se abre paso el no menos popular cotillón: agarre su pito y su papelillo, que ya Enrique (al que le dicen Kike), primo gordito del novio que es un vacilador y jodedor de primera y de paso extremadamente simpático y rumbero, va a organizar el "trencito" (procure agarrar una buena cadera para apoyar sus manos) porque en minutos usted será succionado por una fila de personas que, al compás de la conga de Ricardo Montaner, pegan un brinco y estiran la pata, confiados en el alto estado de intoxicación etílica imperante que resguarda sus identidades hasta el día siguiente.
 
ULTIMO ACTO
 
Con la rumba prendida, hace su entrada triunfal un grupo de tambores. Aquí las niñas bonitas de sociedad, los postgraduados bostonianos, el fino sibarita, y la mamita del "buqué" (la misma de las tetas operadas, la ex) como por arte de magia y sin que puedan evitarlo, como poseídas por un gran espectro del mas allá, se les sale lo negro y comienzan, tacón en mano, a bailar tambores de la costa. Por su parte los caballeros, corbata de lado y "paltó" en mano, cazarán picones y se incorporarán a una rueda de pescao en mitad del salón.
 
Ahora sí se puso buena la vaina y mientras todos ponen de manifiesto su exhuberancia, uno que otro borracho echa el primer camarón de la noche, mientras que en una mesa a lo lejos están dos carajos solos y uno le dice al otro "Yo cuando carajito era novio del culo que se casó".
 
También siempre está el que pretende encontrar respuestas a través del vaso de"güisky", y cual mago observa a través de los hielos y el amarillo del "etiqueta negra".
 
También está la dama que vomita porque "Ramón, no sé qué me pasó, no estoy acostumbrada a beber así…", y el infaltable valentón que quiere arreglar esto a coñazos con el carajo que le vio un picón a su jeva.
 
Segurito que usted alguna vez ha estado en una rumbita parecida o a lo mejor podríamos estar describiendo su boda "con orgullo venezolano".

Parrillada Venezolana

PARA TODOS ESOS COÑOS QUE SE LAS DAN DE PARRILLEROS
 
¿Qué es una parrilla? (escrito por una mujer)
 
La parrilla es la única comida que el hombre cocina. Cuando el
hombre se propone hacer una, la cadena de acontecimientos es la
siguiente:
1. La mujer va al supermercado a comprar lo que es necesario.
2. La mujer prepara la ensalada, las papas con mayonesa y el
postre.
3. La mujer prepara la carne, la pone en una fuente con los
utensilios necesarios mientras que el hombre está sentado junto a
la parrilla tomándose una cerveza o un "güisquicito". (Solamente
uno).
4. El hombre pone la carne en la parrilla.
5. La mujer vuelve adentro a poner la mesa y a preparar la ensalada
6. La mujer le dice al marido que la carne se está quemando
7. El hombre saca la carne de la parrilla
8. La mujer pone los platos en la mesa
9. Después de comer, la mujer trae el postre, levanta la mesa y
luego lava los platos.
10. El hombre le pregunta a la mujer si está contenta de no haber
tenido que cocinar ese día y, percibiendo la cara de "CULO" de la
mujer, concluye que no hay ninguna vaina que les venga bien a las
mujeres.
 
Derecho a réplica (escrito por un hombre)
 
1. Ningún hombre en su sano juicio va a mandar a su mujer a comprar
las cosas para la parrilla: ella va a traer cerveza "Brahma", dos
kilos "cagaos" de bistec, alas de pollo y tres kilos de chocozuela
que el carnicero (coño e’ madre) le dijo que salía muy rico a la
parrilla, ya que no consiguió enchufárselos a ningún hombre.
2. ¿Ensalada, papas con mayonesa y postre? Ella prepara estas
huevadas para que coman las demás mujeres. Los hombres comemos
carne, morcilla, chorizos y nada más. Punto.
3. ¿Preparar la carne? A la carne sólo se le pone sal gruesa
(nojoda) al momento de ponerla en la parrilla. ¿Bandeja con
utensilios? Eso es para maricones, el hombre macho se las arregla
con un palito quemado y con las manos.
4. ¿Poner la carne en la parrilla? ¿Y quién hizo el fuego, separó
las brasas, las acomodó, da vuelta a la carne, organiza los
chorizos y las morcillas?
5. ¿Otra vez preparar la ensalada? Ya dijimos que esas huevonadas
las comen las mujeres y los conejos.
6. ¿Que la carne se está quemando? El hombre sólo deja pasar la
carne porque la mujer se vive quejando que "está muy jugosa", que
"esto está muy crudo", "dejala en la parrilla dos minutos más",
después de que les ofrecimos el mismo pedazo diez veces y una hora
después de estar a punto; osea que ellas acaban comiendo la carne
en forma de carbón, tan tierna y suculenta como una suela que lleva
cien años al sol del desierto del Sahara. ¡Que bolas!
7. Menos mal que somos los hombres los que sacamos la carne de la
parrilla, si fuera por ellas viviríamos comiendo pedazos de carne
carbonizada, como la descrita en el párrafo anterior.
8. ¿Platos? Nojoda, serán para ellas, el hombre come de la tabla
directamente.
9. ¿El postre? Que postre ni que postre, otra Polarcita u otro
Etiqueta Negra, ¿no te jodes? y ¿Lavar los platos? Yo usé los
dedos! (y me los limpié en el pantalón y pa’l carajo.)
10. Realmente, no hay ninguna vaina que les venga bien… y nunca
van a entender lo que es una parrilla!